sábado, agosto 25, 2018

EL SENTIMIENTO DE CULPA de Ámbar IL

La culpa nos atemoriza, nos paraliza y nos arrebata nuestra capacidad de defendernos. Siempre está dispuesta a ser el nubarrón negro que se cierne sobre nuestras cabezas cuando queremos enfrentarnos a alguien o a algo o cuando creemos que podemos empezar a avanzar en nuestra reconstrucción. Aparece la sombra de la culpa acechando para hacernos dudar de nosotr@s mism@s.
A las/los supervivientes de abusos en la infancia nos persiguen muchas culpas:
– Culpa por el propio abuso, por si podríamos haberlo evitado y por si fuimos cobardes por no haber podido enfrentarnos al abusador.
– Culpa por haber sentido amor/cariño por el agresor y/o por l@s cómplices del abuso.
– Culpa por guardar algunos recuerdos “buenos” con esas personas.
– Culpa por no haber hablado antes o simplemente no haber hablado.
– Culpa por hablar, por romper el silencio sobre los abusos que sufrimos.
– Culpa por “incomodar” a los demás con este tema.
– Culpa por no haber denunciado.
– Culpa por denunciar.
– Culpa por haber “roto” la unión familiar.
–Culpa por ensuciar el nombre del abusador.
– Culpa por las secuelas y consecuencias que nos han dejado esos abusos.
En definitiva, la culpa siempre la soporta la victima, cuando en realidad, todas estas culpas no son más que el reflejo de la propia indefensión aprendida de la/del superviviente, de la sumisión, del sometimiento al que nos obligan.
Son la otra cara del abuso, del abuso en este caso ya no sexual, si no psicológico al que nos somete tanto el agresor, la sociedad y en muchos casos la propia familia.
Es frecuente el solapamiento de la culpa y la vergüenza… Al igual que la culpa es una emoción que implica complejos procesos cognitivos relacionados con uno mismo (Lewis y Haviland, 1993). Sin embargo, podemos distinguirlas porque en la culpa suele existir una atribución interna que puede experimentarse al margen que los demás conozcan la transgresión de la norma. En la vergüenza, la persona se siente humillada ya que suele suponer la transgresión más o menos pública de la norma. (Reidl Martínez, 2005).


sábado, agosto 18, 2018

LA LIBERTAD DE LAS PUTAS, Anita Botwin

"La prostitución no es una salida laboral para las mujeres libres, sino para las mujeres pobres, y regularla no es más que normalizar una opción precaria más en un mercado neoliberal en el que no existen derechos de ningún tipo. La libertad deja de existir en el momento en el que un hombre paga a cambio de un producto –mujer– para someterla y ejercer su poder sobre ella."


miércoles, agosto 15, 2018

NI UNA MENOS, Itatí Schvartzman

"La amiga que sueña con un marido que la mantenga,
el cantante que escribe el reggaetton de moda,
la madre que educa machitos y princesas,
el jefe que escupe: debes estar en días femeninos,
la compañera que te dice: así no vas a conseguir novio,
la imbécil que aclara: soy femenina, no feminista,
la mamá que la viste sólo de rosa, porque es niña,
y la educa para callar, aguantar, guardar las formas,
ser sumisa, frágil y complaciente,
el papá que compra muñecas, cocinitas
y lavadoras a la nena,
y pelotas y aviones y juegos de química al varón,
el novio que te revisa el teléfono y el facebook,
el vecino que dice que parece una p*ta con esa ropa,
la mamá que sueña un príncipe azul como yerno,
el papá que paga por sexo con nenas de la edad de su hija,
el novio que no se acuesta con la novia por respeto
y sale de p*tas después de acompañarla a casa,
los compañeros que en vez de escucharte
lo que tienes para decir en la reunión,
te piden que sirvas el café,
la marca de detergente que sólo se dirige a ti, mujer,
el médico que te hace cesárea sin necesidad,
o el que te hace la episiotomía de rutina,
y te grita: "ahora aguanta, que bien que te gustó hacerlo",
la enfermera que te ata a la camilla para parir,
el marido que te prohíbe trabajar,
o el que te controla los ingresos,
la caricatura política diaria,
el chiste de mierda, las propagandas,
Tinelli, la novela turca o latina, los concursos de belleza,
el que te dice: ahora no me puedes dejar así,
el que te humilla, el que te adjetiva, el que te menosprecia,
el que te aísla, te controla, te cela, te sigue,
el que me dijo el primer piropo grosero
a los doce años,
el que me tocó contra mi voluntad
en el boliche de moda, en todos los boliches de moda,
el compañero que te manda a barrer el piso del local del partido,
el compañero que no cuestiona sus privilegios,
el que recibe un cheque más gordo sólo por ser varón
y se calla y se lo guarda en el bolsillo,
el imbécil que pregunta "¿y el día del hombre?",
la mamá que obliga a la nena a recoger
los platos sucios de sus hermanos varones,
la inconsciente que rápido vuelve a aclarar:
pero mira que yo soy femenina, no feminista,
la que se burla de que no me pinto,
el que se burla de que tú no te depilas,
los que se burlan de que ella no se ponga tacones,
la que se ríe de que compro libros y no carteras,
el compañero que me mira las tetas,
incluso el que te persigue y acosa
porque eras tú
la que ibas por ahí provocando,
TODOS unidos frente al televisor
preguntándose cómo puede ser
que asesinaron a otra mujer".
Itatí Schvartzman. De su obra Ni una menos y otros poemas antipatriarcales

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