viernes, septiembre 17, 2021

¿HASTA DONDE DEBEMOS AMAR? de Walter Riso

Obviamente, no hasta el cielo. El límite lo define tu integridad, tu dignidad, tu felicidad. El límite de lo aceptable se traspasa cuando tu vocación y anhelos pasan a un segundo plano, cuando la vida comienza a convertirse en algo tan pre-decible como inseguro, cuando el "ser para el otro" te impide el "ser para ti". Si te pasaste de la raya y estás en el lado oscuro del amor, es probable que quieras regresar a lo que eras antes, a la tranquilidad de aquella soledad bien llevada.

    Cuando establecemos las condiciones de un amor de pareja saludable, definimos una zona, una demarcación realista más que romántica, a partir de la cual una relación debe terminarse o transformarse, aunque el sentimiento amoroso exista. Pasar los límites de lo razonable no implica que el afecto tenga que disminuir necesariamente, sino que a partir de ese punto, el amor por sí solo no justifica ni valida el vínculo afectivo debido a los costos psicológicos, morales, físicos y/o sociales. En una relación de pareja constructiva, lo que en verdad interesa es la conveniencia/ congruencia interpersonal, es decir, qué tanto la persona que amas le viene bien a tu vida y qué tanto concuerda con tus metas, intereses y necesidades, e igual para el otro lado. A partir de ciertos límites (cuando no te aman, cuando se ve afectada tu autorrealización o cuando vulneran tus principios) el amor propio y el auto-respeto comienzan a trastabillar y la dignidad personal pierde su potencia, aunque el amor insista y persista.

    Aclaración importante: Si en verdad, tal como dicen algunos filósofos, el amor verdadero no tiene límites intrínsecos, pues, en las relaciones de carne y hueso habrá que ponérselos. Esto no implica amar menos, sino amar de una manera realista y decorosa. Es cierto que a veces no tenemos el poder de desenamorarnos a voluntad, pero sí podemos dejar de magnificar el amor y alejarnos de una relación afectiva destructiva, así sea con esfuerzo y dolor, auto-control, sufrimiento útil, lucidez de una mente pragmática. Dejar el alcohol gustándome el alcohol; dejar la droga, gustándome la droga. Y en una relación afectiva malsana y destructiva, decir: Te amo, pero te dejo.

Del libro "Los límites del amor" de Walter Riso


domingo, septiembre 12, 2021

GAFAS DE COLOR VIOLETA

Existen diversas teorías acerca de la relación del color violeta con las reivindicaciones de las mujeres y en aras de la igualdad. 

La explicación más extendida lo asocia a un suceso trágico: el 25 de marzo de 1911, 146 personas, de la fábrica textil Triangle Shirtwaist de Nueva York, de las cuales 123 eran mujeres muy jóvenes perecieron en un incendio mientras protestaban por las durísimas condiciones laborales de las que eran objeto.

Se dice que el humo que salía de la fábrica después del incendio, y que se podía ver a kilómetros de distancia en toda la ciudad de Nueva York, era de color violeta porque de ese color eran las prendas que confeccionaban.

Sin embargo, también tenemos el hecho de que las sufragistas inglesas en 1908 ya usaban el color malva como símbolo en sus manifestaciones.

Otra teoría simplifica esta relación entre color y movimiento. Si el feminismo es igualdad de hombres y mujeres, se juntan los colores azul y rosa, resultando el violeta, como el color de la igualdad.

Lo cierto es que este color es el color del feminismo que representa la igualdad entre mujeres y hombres y por tanto, violetas han de ser las gafas con las que se debe mirar el mundo, según la teoría feminista. Esta metáfora, utilizada por primera vez por la escritora Gemma Lienas, de ponerse las gafas violetas, se corresponde con una nueva manera de mirar el mundo para darse cuenta de las situaciones injustas hacia la mujer por el simple hecho de serlo. 

 Ponernos las gafas violetas significa ver la vida con perspectiva de género o, dicho de otra manera, estas simbólicas gafas nos proporcionan una mirada crítica para descubrir las desigualdades entre hombres y mujeres en nuestro día a día.

¿Cuándo decidimos colocarnos estas gafas?

No lo decidimos, sencillamente ocurre. Y ocurre cuando tomamos conciencia de la desigualdad de género. Cuando esto sucede, cuando tenemos las gafas violetas ante nuestros ojos, ya nada es igual, porque a partir de ese momento se proyecta una nueva mirada que cuestionará los valores androcéntricos, es decir, valores que se dan por buenos vistos desde los ojos masculinos. Se observará las discriminaciones y pequeños actos cotidianos que se asimilan como normales pero que tienen tintes machistas. Son los micromachismos como realidades limitantes y opresoras para las mujeres.

Os invito a reflexionar, tomar conciencia y llevar gafas violetas. Porque para acabar con las desigualdades primero hay que verlas. 

sábado, septiembre 04, 2021

¿POR QUÉ SE LLAMA VIOLENCIA DE GÉNERO?

Se llama violencia de género porque su causa es el género, es decir el rol o función que cada sociedad asigna a las personas a partir del sexo con que nace.

Esta violencia tiene su origen en los condicionantes socioculturales patriarcales que clasifica a las personas jerárquicamente en función de su sexo percibido y que otorga superioridad al hombre y relega a la mujer a un papel secundario.
Es, por tanto, una expresión de las relaciones históricamente desiguales entre mujeres y hombres.
Es una violencia específica, con características e identidad propias que la hacen diferente de otros tipos de violencia. Es una violencia que va exactamente del hombre hacia la mujer por el mero hecho de serlo, es decir, porque es mujer.
La violencia de género no es un fin en sí misma, sino una herramienta de poder, es el medio del que se vale el machista violento para imponerse y conseguir el dominio, la supremacía, el control sobre la mujer por lo que cada acción lleva un mensaje implícito. Es un maltrato no solo de castigo, sino de aleccionamiento. Es la forma que el machismo tiene de "educar", de "corregir" a la mujer que no acata la superioridad del hombre.



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