domingo, septiembre 18, 2016

LOS MITOS DEL AMOR ROMÁNTICO


 1. El mito de que el amor lo puede todo. No es cierto que todas las personas puedan cambiar por la fuerza arrebatadora del amor. Las personas cambian si quieren o porque se les ayuda. No hay por qué aguantar ni perdonar las ofensas recibidas si no es excepcionalmente y siempre que haya voluntad real de modificar la conducta. Por eso, no se puede dar naturaleza de normalidad a la violencia y al desprecio: no hay ni rastro de amor en el maltrato. 
2. El mito del amor predestinado. Estamos evolucionados culturalmente como para seguir creyendo en los tópicos: la media naranja, en la vida solo puede haber un amor verdadero, el amor es eterno, etc. La experiencia significativa de cada cual demuestra, en carne propia o por experiencias ajenas, que hay muchos tipos de relaciones, de parejas, de situaciones de estabilidad, de nuevos afectos totalmente satisfactorios, etc. No se debe considerar la pareja como un yugo indisoluble, por más que así lo afirmen las iglesias. Nadie debe soportar a nadie por un supuesto lazo eterno: el amor puede acabarse y no debe vivirse como un fracaso. El divorcio existe en las sociedades modernas para rehacer la vida de los miembros de una pareja que no funciona. Cada persona es una naranja entera un ser completo que debe decidir libremente su relación con otras para que sea equilibrada y sin dominación. 
3. El mito de que el amor exige entrega total por ser lo más importante. No, lo más importante es el bienestar de las personas, su autoestima, su libertad, el respeto a sus derechos humanos. Nada ni nadie puede suponer un coste tan alto como que una persona deba renunciar a ser ella misma o ser sometida a maltrato. Las relaciones amorosas y afectivas tienen que ser un acto de entrega recíproca, voluntario y racional. Si se pierde la racionalidad consustancial a la naturaleza de persona, se corre el riesgo de actuar desde la enajenación pasajera del enamoramiento y aceptar condiciones que no son deseables para el bienestar de ambas personas. El amor no debe ser ciego ni suponer la despersonalización y la pérdida de la intimidad del individuo. 
4.  El mito de que los celosos aman más y, por tanto, que el amor debe ser exclusivista. Esta falsa idea encubre el afán de posesión total de la otra persona y convierte el amor en un ejercicio de sospecha. Los celos son una relación desequilibrada en el doble sentido de patología y falta de igualdad entre las partes de la pareja. Cada persona no puede renunciar a su entorno de relaciones y amistades por una concepción excluyente de la relación de pareja. Son muy preocupantes los estudios que admiten como natural y justificado que los novios/as controlen el móvil, el WhatsApp y las comunicaciones en las redes sociales de su pareja. Nadie pertenece a nadie. Sin libertad no hay amor maduro. Ante un novio/a celoso/a, si no muestra actitud de cambio, más vale salir corriendo antes de que sea tarde. Y huir de ensoñaciones que hacen creer a muchas mujeres que se enamoran de un príncipe y luego, cuando se despiertan, el príncipe las aporrea. 

Estos mitos conducen a una idealización del amor y a la creencia de que es compatible con la violencia. Así parece demostrarse en diferentes estudios que establecen una relación causal directa. Visto el daño que hacen estos mitos debemos revisar lo aprendido y rechazarlos si queremos ensanchar nuestra idea del amor y construir un mundo más igualitario, más justo y más feliz. El reto es la reformulación de los modelos amorosos que deben estar exentos de toda violencia, basarse en el respeto y el afecto, la confianza y la reciprocidad.

lunes, septiembre 12, 2016

EL MALTRATADOR, DEPENDIENTE POR EXCELENCIA

Mucho se ha hablado de la dependencia emocional de las mujeres maltratadas. Tanto que hemos obviado que si en este tipo de relaciones hay alguien dependiente, ese es, precisamente el maltratador.
El maltratador es el dependiente por excelencia. No solo no desea romper la relación, sino que mantener a la víctima a su lado es algo vital para él y siente un gran temor ante una posible pérdida. 
Necesita a la víctima para sobrevivir a su propia mediocridad, a su propio vacío interior y la necesita para reafirmarse como hombre, reafirmar su poder, reafirmar su dominio. Eso lo lleva a considerar una amenaza cualquier elemento externo por nimio que sea y lo lleva igualmente a buscar a la víctima desesperadamente para apropiarse de ella. 
Necesita no solo que esté a su lado, sino que necesita sentirla suya, sentirla como algo propio en el sentido más radical y enfermizo del término.
Una víctima es una mujer sometida, dominada, una mujer que ha sucumbido al poder del machismo y esto es lo que engrandece al maltratador, es su triunfo, es su victoria es lo que nutre su ego sin fondo, lo que refuerza su hombría, es lo que le da vida.  
Si hay algo que ofende y daña a un maltratador es que la mujer decida romper la relación. Esto supone para él una catástrofe emocional insuperable, una especie de atentado a su hombría que hace que se derrumbe toda su estructura machista y se sienta profundamente abochornado, humillado, reducido.  De ahí que siempre se oponga radicalmente al término de la relación.
La estrategia del maltratador es, por tanto, mantener a la mujer a su lado, si es preciso, por la fuerza, para seguir sometiéndola. A mayor resistencia de la víctima, mayor uso de la violencia.
El agresor incapaz de reconocer su propia debilidad, su vergonzosa dependencia. Normalmente invierte los términos de la situación y asegura que él debe estar ahí,  porque ella, una mujer sola, iría por la vida como oveja descarriada… y que “debe estar muy agradecida que lo encontró a él para poder aleccionarla,  corregirla y si es preciso,  castigarla y someterla y llevarla por el buen camino”, esto dicho con toda la autoridad y legitimidad que le otorga el machismo sostenido por la sociedad patriarcal. 

sábado, septiembre 03, 2016

LA VIOLENCIA DEL MALTRATADOR

Cuando el maltratador percibe la independencia, la libertad de su pareja como excesiva e insoportable o lo que es lo mismo, un cuestionamiento de su autoridad, de su omnipotencia, de su poder, manifiesta su violencia. Emplea la violencia porque es lo único que compensa su propia incapacidad, su propio miedo, su temor, su falta de compromiso para saber vivir de otra manera, natural, libre,  con responsabilidad y capacidad de amar. 


“Crear vida requiere ciertas cualidades de que carece el individuo impotente. Destruir vida requiere solo una cualidad: el uso de la fuerza. El individuo impotente, si tiene una pistola, un cuchillo o un brazo vigoroso, puede trascender la vida destruyéndola en otros o en sí mismo. Así se venga de la vida porque esta se la niega. La violencia compensadora es precisamente la violencia que tiene sus raíces en la impotencia, y que la compensa. 
El individuo que no puede crear, quiere destruir…” Erich Fromm.

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