jueves, junio 08, 2017

LA VIOLENCIA DE GÉNERO: UNA VIOLENCIA EXTENDIDA

Una de las características (otra) de la violencia de género y de la que se habla muy poco es que se trata de una violencia extendida.
Esto quiere decir que la mujer,  la que está en el punto de mira del agresor, puede ser el objetivo principal, pero no es la única víctima sino que en su entorno hay una serie de personas, hijos, padres, hermanos, amigos, vecinos, compañeros, nuevas parejas y hasta mascotas que de una u otra manera, pueden, en mayor o menor medida, ser objeto de la violencia del agresor y receptores directos de esa expansión. 
Y este efecto amplificador, esta onda expansiva de la violencia machista, se da en la práctica totalidad de los casos aunque, por la propia naturaleza de esta violencia, no siempre es visible ante la sociedad en general, no siempre se reconoce. 
Y esto es así porque todas estas, llamémosle víctimas colaterales, adicionales, secundarias, el agresor no las ve como personas, sino como elementos cosificados, circunstancias a su disposición que utiliza según su necesidad, según su conveniencia para generar más sufrimiento, más dolor, para endurecer y reforzar el maltrato.
La ausencia absoluta de empatía del agresor, la frialdad calculada, la falta de escrúpulo, los complejos y traumas, su enorme vacío interior, así como una maligna creatividad, sucia y diabólica, conforman una estrategia tal que hace que, de una u otra manera, corra peligro la estabilidad y a veces la vida de toda persona que rodea a la víctima principal.  

miércoles, mayo 17, 2017

LOS MITOS DEL AMOR ROMÁNTICO

 1. El mito de que el amor lo puede todo. No es cierto que todas las personas puedan cambiar por la fuerza arrebatadora del amor. Las personas cambian si quieren o porque se les ayuda. No hay por qué aguantar ni perdonar las ofensas recibidas si no es excepcionalmente y siempre que haya voluntad real de modificar la conducta. Por eso, no se puede dar naturaleza de normalidad a la violencia y al desprecio: no hay ni rastro de amor en el maltrato. 

2. El mito del amor predestinado. Estamos evolucionados culturalmente como para seguir creyendo en los tópicos: la media naranja, en la vida solo puede haber un amor verdadero, el amor es eterno, etc. La experiencia significativa de cada cual demuestra, en carne propia o por experiencias ajenas, que hay muchos tipos de relaciones, de parejas, de situaciones de estabilidad, de nuevos afectos totalmente satisfactorios, etc. No se debe considerar la pareja como un yugo indisoluble, por más que así lo afirmen las iglesias. Nadie debe soportar a nadie por un supuesto lazo eterno: el amor puede acabarse y no debe vivirse como un fracaso. El divorcio existe en las sociedades modernas para rehacer la vida de los miembros de una pareja que no funciona. Cada persona es una naranja entera un ser completo que debe decidir libremente su relación con otras para que sea equilibrada y sin dominación. 

3. El mito de que el amor exige entrega total por ser lo más importante. No, lo más importante es el bienestar de las personas, su autoestima, su libertad, el respeto a sus derechos humanos. Nada ni nadie puede suponer un coste tan alto como que una persona deba renunciar a ser ella misma o ser sometida a maltrato. Las relaciones amorosas y afectivas tienen que ser un acto de entrega recíproca, voluntario y racional. Si se pierde la racionalidad consustancial a la naturaleza de persona, se corre el riesgo de actuar desde la enajenación pasajera del enamoramiento y aceptar condiciones que no son deseables para el bienestar de ambas personas. El amor no debe ser ciego ni suponer la despersonalización y la pérdida de la intimidad del individuo. 

4.  El mito de que los celosos aman más y, por tanto, que el amor debe ser exclusivista. Esta falsa idea encubre el afán de posesión total de la otra persona y convierte el amor en un ejercicio de sospecha. Los celos son una relación desequilibrada en el doble sentido de patología y falta de igualdad entre las partes de la pareja. Cada persona no puede renunciar a su entorno de relaciones y amistades por una concepción excluyente de la relación de pareja. Son muy preocupantes los estudios que admiten como natural y justificado que los novios/as controlen el móvil, el WhatsApp y las comunicaciones en las redes sociales de su pareja. Nadie pertenece a nadie. Sin libertad no hay amor maduro. Ante un novio/a celoso/a, si no muestra actitud de cambio, más vale salir corriendo antes de que sea tarde. Y huir de ensoñaciones que hacen creer a muchas mujeres que se enamoran de un príncipe y luego, cuando se despiertan, el príncipe las aporrea. 

Estos mitos conducen a una idealización del amor y a la creencia de que es compatible con la violencia. Así parece demostrarse en diferentes estudios que establecen una relación causal directa. Visto el daño que hacen estos mitos debemos revisar lo aprendido y rechazarlos si queremos ensanchar nuestra idea del amor y construir un mundo más igualitario, más justo y más feliz. El reto es la reformulación de los modelos amorosos que deben estar exentos de toda violencia, basarse en el respeto y el afecto, la confianza y la reciprocidad.

ESTUDIO SOBRE SEXISMO Y VIOLENCIA DE GÉNERO. INSTITUTO ANDALUZ DE LA MUJER

martes, mayo 16, 2017

¿EL AMOR TIENE LIMITES?

EL AMOR Sí TIENE LíMITES

¿Quién se inventó aquello de que el amor- mal entendido- no tiene límites? Siempre debe tenerlos. Nos va la vida en ello, literalmente. ¿Cuántas personas enferman incluso, mueren de amor? ¿Cuántas enfermedades de todo tipo tienen un origen psicosomático que se genera a causa de una disfunción emocional resultando de un desengaño, de una mentira, de un maltrato permanente, de una manipulación, de no querer ver la situación que nos rodea? Muchas. Demasiadas, tal vez. Por ello, el límite y el remedio a los malos amores está solo en la conciencia, en el balance emocional para el que, en general, no hemos sido educados. 
Un balance emocional implica capacidad de cuestionamiento interno y de diálogo permanente con nuestra pareja.
No desde la inquisición ni desde la obsesión, sino más bien desde la dignidad, la apertura, la pregunta amable, la ternura y el deseo de bien común. Aunque también a veces sea necesaria la confrontación firme para quitar disfraces a realidades incómodas en la que, sin darnos cuenta para evitar el dolor, nos acabamos camuflando y perdiendo. 
Probablemente, el amor maduro y consciente combina el amor propio con el amor al otro. Amarte a ti no implica anularme destruirme a mí. Mi amor por ti no justifica mi abandono ni mi sacrificio existencial por mucho que el entorno la historia haya repetido hasta la saciedad que así debe ser. Por ello, no puede haber el tan necesario balance emocional sin amor propio, sin respeto alguno mismo.  
Amar es construir una realidad conjunta basada en la responsabilidad, el respeto, el proyecto y al visión de futuro y los anhelos que hemos ido trenzando. Amar no es soportarlo todo al precio del sacrificio de la propia vida. Un amor que exija una contraprestación el propio sacrificio intelectual e incluso existencial no es amor, sino esclavitud disfrazada de exigencia romántica, resignación, vestida de paz barata e incluso, conflicto instalado de manera permanente y asumido como el escenario cotidiano. Todos ellos contextos ideales para la depresión, la abulia vital y el abandono existencial a largo plazo.
Luego, amor no es resignación eterna, vulneración de principios, sumisión, descalificación o engaño. Los límites del amor están en nuestro amor propio, en nuestra dignidad. 
                                                            ALEX ROVIRA - "LA BUENA VIDA"

ENTRADAS MAS POPULARES EN LA ÚLTIMA SEMANA

ARCHIVO CRONOLÓGICO