domingo, enero 29, 2017

IDENTIFICAR EL MALTRATO: LAS SEÑALES DE ALARMA EN LA VIOLENCIA DE GÉNERO

Entra en la vida de una mujer como lo haría un príncipe azul.   En este tipo de relaciones el apego por parte del agresor surge siempre de forma muy rápida y el compromiso es inmediato. En pocas semanas convertirá a su pareja en una reina: habrá promesas, regalos, atenciones y multitud de gestos amables en un intento de encandilar y seducir. Una vez asegurada la conquista, comienza a manifestarse tal como realmente es:
  • En nombre de ese amor infinito que dice tenerle, controla lo que hace la pareja, exige explicaciones y trata de conocer hasta el último rincón de su pensamiento. No quiere que tenga secretos para él. Quiere saber adónde va, con quién estuvo, el horario, el tiempo, cada lugar, lo cual comprobará con reiteradas e insistentes llamadas telefónicas. Ejerce un control sobre ella que raya en lo paranoico.
  • Formula prohibiciones o amenazas -de forma directa o encubierta- respecto de los estudios, el trabajo, las costumbres, las actividades o las relaciones sociales.
  • Fiscaliza a la familia, a los amigos y amigas, a los vecinos y vecinas, a los compañeros y compañeras de estudio o trabajo.
  • Ante cualquier pregunta o planteamiento de ella, declara que la familia o amigos “le calientan la cabeza” contra él, que no le quieren y que están “envenenando” el afecto entre ellos, “que los otros sienten celos o envidia de su relación”, etc. la va privando progresivamente del apoyo externo, alejándola de sus amistades e incluso de su familia. Que si bien él no se lo prohíbe expresamente, ella prefiere evitarlos antes de soportar el tremendo castigo verbal o el interrogatorio a que es sometida cada vez que habla con ellos. Así consigue romper su red social, apoyo importantísimo sin el cual podrá aumentar el control sobre ella.
  • Nunca aprueba ni estimula de manera auténtica los actos o cualidades de su pareja. Frecuentemente la pone a prueba con engaños y subterfugios tendiéndole trampas para ver si lo engaña para averiguar si miente.
  • Exagera los defectos de ella haciendo que se sienta culpable, desvalorada y ridícula. 
  • La acusa injusta y caprichosamente de coquetear, de salir o verse con otros hombres. La acusa de serle infiel, en unos ataques incomprensibles y desenfrenados de celos patológicos.
  • Utiliza a conveniencia datos y reseñas del pasado de ella, o lo que conoce de sus otras relaciones anteriores para efectuarle crueles reproches.
  • Controla la ropa que ha de ponerse, la música que ha de oír, lo que tiene que decir, o como tiene que comportarse en público. El cerco y el control pueden llegar a ser extremos, incluso en la distancia mediante signos, gestos o referencias  que solo ella conoce.
  • Es mentiroso experto y astuto hasta el punto que llega a creerse sus propias mentiras. Habla muchísimo de sí mismo, ya que se considera el centro del universo, el ombligo del mundo, pero no escucha a su pareja a quien trata como un objeto.
  •  Carece absolutamente de empatía.    
  • Posee gran habilidad con las palabras.
  • No tiene amigos, sólo conocidos  y tiene, además, una marcada tendencia a desprestigiar y a tratar despectivamente a las mujeres en general. 
  • No duda en tergiversar, liar, manipular, embaucar, mentir, enredar, etc. Todo lo que sea necesario con tal de conseguir sus propósitos, pudiendo desarrollar en este sentido sorprendentes habilidades.
  • Muchos de sus pensamientos o actos los expone como su fuera un ser mágico, superior, con poderes especiales.
  • Para llamarla -ya sea en público o en privado- utiliza a propósito nombres diminutivos o términos que a ella no le agradan, que la disminuyen o ridiculizan. La rebaja con frecuencia, la corrige y alecciona en sus pequeños fallos, manteniéndola así continuamente en guardia.
  • La acusa de ser poco inteligente, poco atractiva, de mala presencia y le deja esa triste sensación, ese amargo sabor de que siempre está haciendo algo mal. Es como una erosión gradual y continua de la confianza de ella y su autoestima.
  • Tiene un comportamiento tiránico,  caprichoso, cambiante, ambiguo y contradictorio. Dice que no se va a dejar dominar y exige de su pareja un respeto riguroso muy lejos del que ofrece él.
  • Es seductor y simpático con todo el mundo, pero a ella la trata con mucha crueldad cuando nadie los ve. Sea lo que sea, siempre es más importante lo que le pasó a él que lo que le sucedió a ella.
  • Manifiesta frustración, enojo, rabia por todo lo que no resulta de su agrado, bajo su particular prisma, sin distinguir lo principal de lo accesorio.
  • Produce sentimientos de lástima, al justificarse o insistir con su vida desdichada o su infancia infeliz. Se hace la víctima de forma extraordinaria para lo cual le viene muy bien invertir los hechos. 
  • Es experto en desplantes. Deja de hablar o desaparece por varios días, sin dar explicaciones, como forma de demostrar su enojo y crear intriga.
  • Frecuentemente deja a la mujer “tirada” en viajes, en zonas o lugares de difícil salida, con el fin de que ella se sienta sola, aislada y dependiente. Se irrita y tiene estallidos de violencia. Luego actúa como si no hubiera pasado nada generando más confusión  y desorientación.
  • Piensa que las mujeres son inferiores y deben obedecer a los hombres y aunque no lo diga así expresamente, siempre actúa conforme a estos principios.  
  • También impone su voluntad en el terreno sexual sin tener en cuenta las necesidades de su pareja, convirtiendo el sexo prácticamente en una cuestión de honor. Es como si midiera su hombría a través del sexo y por ello da a la relación sexual una importancia exagerada.
  • Promete cambios que nunca cumple y/o mejoras en sus defectos o en sus adicciones que solo varía de forma momentánea, volviendo, en poco tiempo a ser como antes, a ser como siempre.
  • El maltratador siente pánico ante una posible ruptura. Se viene abajo, llora, suplica, promete cambiar, ofrece regalos y también amenaza con suicidarse o con volver con antiguas parejas. Ante la sospecha de la ruptura acosan con llamadas telefónicas con la esperanza de llegar a un acuerdo, cosa a la que normalmente accede la mujer por lo menos para detener el acoso insoportable a que la somete.
  • Para el maltratador nunca es suficiente, nunca su pareja es lo bastante buena, nunca llega al nivel que él le tiene marcado, nunca está a la altura, siempre se queda corta.
  • Y a medida que la relación avanza, todos estos rasgos, todos estos registros van evolucionando a más y a peor, hacia esa especie de estrangulamiento de la relación que lleva a la mujer a caminar de puntillas, en tensión, constantemente nerviosa y por supuesto con miedo hasta el punto de ir por delante de él, tratando de eliminar todas aquellas aristas que puedan parecer una provocación.

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