jueves, junio 07, 2012

COMO SI ATRAVESARA UN CAMPO DE MINAS, por Elena García, superviviente


A veces hubiera preferido que me hubiera partido los dientes, como tantas veces me dijo. Pero no fue así. Cómo demostrar las heridas del alma a los demás? Cómo hacer para que te crean cuando, ni tú ni él, encajáis en los estereotipos de maltratador y sumisa? Personas con un nivel educativo alto y una casa donde no existen ni el tabaco, ni el alcohol ni las drogas. Sólo libros y música.
Empiezan a creerte cuando ven que tu comportamiento no es normal ante situaciones que lo son, cuando tienes miedo a expresarte ante un tema, cuando temes hablar de tu pasado, de tu presente, de lo que sea. Da igual, en una "relación" así siempre se está dando motivos para disgustar al otro. Vas por la vida como si atravesaras un campo de minas. Y te acostumbras,....a evitar situaciones, a evitar personas, a evitar recuerdos. Ver que te has convertido en otra cosa y no sabes ni cómo te llamas, porque además, al vivir a miles y miles de kilómetros de todo lo conocido, tu nombre es otro, tu persona es otra y hasta hablas otro idioma.Te miras al espejo y no te reconoces. Y da rabia, cuando la risa loca que te salía antes con naturalidad, ya no existe. Y que la persona que más quieres, nacida de esa relación, no te conoce como realmente eres.
Y una no puede dar el paso cuando quiere. Qué facil es hablar sin tener conocimiento del asunto! Cada paso tiene que ser medido, planificado con la discreción suficiente para no levantar sospechas. Y guardarlo para cuando se pueda utilizar. Ser paciente. Esperar.
Reconocer que lo que estás viviendo no es normal, que él no está enfermo (o sí, pero tú no lo vas a curar), que se te agotó el amor hace siglos. Que no hay solución para lo "vuestro", pero tú, sí tienes solución.
Saber que una relación, sea la que sea, ha de estar basada, mínimo en el RESPETO. De ahí, para adelante. Sin eso, no hay relación. 
Puede que quien lea esto se reconozca en alguna forma. Cuesta trabajo darse cuenta. El ser humano busca excusas para todo y para sobrellevar el dolor, más aún. Pero si se encuentra la valentía de reconocerlo,...ya se empezó el camino de vuelta a casa.
                                                  
                                                         

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